“El empresario de la publicidad Leo Burnett ofrecía el siguiente consejo sobre cómo hacer un gran contenido: Hazlo sencillo. Hazlo memorable. Haz que apetezca verlo. Haz que sea divertido de leer. Y añadiría una directriz adicional: Hazlo para tu cliente o tu audiencia, no para ti. Sé generoso. Sé informativo. Sé divertido. Sé inspirador. Sé todo aquello que disfrutamos en otros seres humanos.”

Es una cita sacada del libro Jab, jab,jab right hook de Gary Vaynerchuck que resume perfectamente las características del buen contenido. No del contenido. Del buen contenido. De ese que lamentablemente cada vez más escasea. Del que nace con un principio de utilidad e interés real, que es el que puede acabar generando interacción y comunidad, crear confianza, y a partir de ahí incluso ventas. Porque lo que hoy abunda es el contenido que habla de quien lo escribe, el que pretende ser más listo que Google y busca ser el atajo para escalar posiciones en la página de resultados, el que pretende burlar a los algoritmos con trucos rastreros o el que, sin tener en cuenta nada más que los intereses de quien lo lanza, pretende vender sin anestesia ni relación previa.

Lamentablemente la presión de los objetivos a corto plazo (o la miopía de algunos), la ambición de captación de audiencias cada vez mayores (que no mejores o más cualificadas), la tiranía de los algoritmos (bendita excusa) y el exceso de contenidos (de mierda) parece que nos obliga a todos en la dirección del contenido basura, primando cantidad y “clickabilidad” por encima de calidad o interés, de la misma forma que ya vivimos en los canales convencionales.

¿Tan difícil de ver es que nos dirigimos a un punto de no retorno en el que corremos el riesgo de espantar del todo a los usuarios? ¿Tan egoístas somos que todo nos vale mientras mañana pillemos algo? ¿Tanto cuesta entender que para pedir, primero deberíamos dar?

Caricia, caricia, caricia colleja” es como suelo traducir el título del libro del que he sacado la cita con la que abría el post, y creo que es una dinámica que tendríamos que aplicar más en este y en otros medios. Antes de pedir, dame. Haz que te “deba una“. Si quieres que me vaya contigo a casa, al menos invítame antes a un gintonic, o al menos dame conversación un rato. Tirarme la llave de la habitación encima de la mesa sin más, es acoso. O directamente ridículo. ¿Tan necesitado estás?

 

 

Desde: http://calvoconbarba.com